martes, 11 de noviembre de 2014

Recuerdos del porvenir.

Abrí el vinil de Modest Mouse antes de subir al coche y manejaste a casa de tus padres por 40 minutos apróximadamente. Al llegar a nuestro destino sacamos del abandono dos tornamesas para poder escuchar el album recién adquirido. Rescatamos una reliquia que tu madre adquirió por 24 dolares antes de que tu nacieras y que, desafortunadamente, no funciona ya. Subimos a tu cuarto y al revisar un baúl, así como varias cajas con objetos olvidados, pude reconstruir historias que nunca me has contado. Al principio sentí un poco de celos por esos secretos no intencionados, por las historias insignificantes que nunca me has contado, por la propia naturaleza de su escasa relevancia. Recordé mis días con Ana, en aquella casa de interés social en Playa del Carmen, Quintana Roo, y por salud, bienestar y paz mental me propuse abandonar todas las reflexiones en ese sentido y dejé que el olvido se encargara del resto.

Mas tarde, observando tu ropa vieja evoqué mi niñez en Mexico, la casa con paredes de barro y techo de palma en la que mis hermanos y yo crecimos, y finalmente tuve una dimensión real al contrastar tu infancia en Michigan y la mía en Guerrero. Me aventuré a hacer ociosas meditaciones metafísicas sobre las cosas que depara el porvenir, a pensar en conjeturas sobre nimiedades varias. Quise reflexionar sobre como nuestro pasado influye en lo que somos, y a la vez como nuestra personalidad influye en las decisiones que tomamos, y luego este ciclo se vuelve un laberinto mental en el que cada vez cuesta más distinguir las causas de las consecuencias. 

Me pareció entonces (y quizá aún así lo considero, la verdad es que casi siempre me pierdo en mis propias cavilaciones) que la vida y el futuro son similares a una casa de naipes que se tambalea desde sus cimientos, o a una fila de fichas de dominó acomodados uno junto al otro, o quizá sólo es una conjunción al azar de coincidencias maravillosas, disculpa mis limitaciones en materia de clissés y lugares comunes. La única conclusión a la que pude llegar fue que me alegraba haberte conocido. En ese momento me supe muy afortunado de coincidir junto a ti, los dos en un mismo tiempo y espacio.