lunes, 23 de noviembre de 2009

Es muss sein.

Hoy agradezco a las personas que han conocido alguna etapa de mi vida, que han vivido y compartido momentos entrañables conmigo. Aprovecho también para disculparme con personas que han tenido la desgracia de conocer demonios internos e íntimos que gustan salir y hacer apariciones en los momentos menos convenientes y más inesperados. Desafortunadamente ellos sueltos, junto con mi soledad han terminado tragándose todos los buenos momentos y vómitándo el bolo resultante en los rostros de todo mundo. Antes solía pensar que siempre llegaba demasiado tarde a la vida de las personas. Ahora pienso que todo los extremos son dañinos y el problema radica en hallar un balance en un camino lleno de excesos y extremos, donde llegar demasiado temprano también puede ser contraproducente. Equiparo a mi soledad con aquel valle lleno de ruinas. Montones de piedras y cascajo, otrora hermosos palacios llenos de maravillas, artilugios y prodigios, hoy nada más que escombros. Cascajo que atestigua y rememora un pasado glorioso pero ya lejano, ajeno a nuestro presente. Pienso en las pocas mujeres en mi vida y me imagino cual arqueólogo intentando descifrar los antiguos nombres secretos, ocultos, velados, todavía inscritos en los restos; escritos en un idioma ya olvidado y para mi desconocido. Secretos pertenecientes a un dueño anterior y recelosos de mostrarse a alguien distinto. Concluyo que todas ellas siempre me fueron ajenas, en el tiempo y el espacio; tal como las ruinas le son desconocidas al arqueólogo. Por azares del destino pude presenciar el desfile del 20 de noviembre. El evento lució por demás desangelado. Lo más relevante fue el tráfico y las molestias ocasionadas por el cierre de las avenidas 30, Constituyentes y calles aledañas. Jodiendo a todos simbólicamente para recordarnos que después de casi 100 y 200 años de revolución e independencia respectivamente, seguimos jodidos. Pero en fin...

viernes, 6 de noviembre de 2009

Hopefully

Con el devenir de los días me convenzo cada vez más que el mundo no tiene ninguna meta definida y ningún propósito justifica nuestra existencia, sí alguna vez existió algo así, desde hace mucho se encuentra relegado en el olvido. Somos,pues, el resultado de varios accidentes causados por otros más, donde la causa primera también fue accidental; pero nos resistimos a vivir con la verdad e inventamos mentiras y descaradamente creemos en ellas, cada quién enarbolando cinicamente su mentira como verdad absoluta. Cada uno de nosotros etiquetandose y adoptando está o aquella religión o cosmogonia. Al final nada de esto importa porque buscando lo suficiente siempre encontraremos pretextos y excusas que nos justifiquen. Lo difícil es encontrar buenas razones.