Hablar y escribir acerca de mi mismo siempre me ha parecido harto difícil, el monologo disfrazado de conversación fácilmente puede tornarse pretencioso o soporífero y ambas opciones me parecen equivalentes; y demasiado desagradables.
Hoy reflexiono acerca del fino arte de viajar, tan cultivado y practicado por seres nómadas y sibaritas. Pienso que viajar siempre equivale a huir, a escapar, viaja quien huye o mejor dicho, aquellos que huyen lo hacen viajando.
Conocemos a personitas cuyas aspiraciones e ilusiones son viajar a Europa, a Asia o por lo menos a alguna parte de Sudamérica. Cuando pregunto por alguna razón especifica que justifique el interés por tal o cual lugar, invariablemente me contestan con un encogimiento de hombros. ¿Por que no? , es lo que parece ser su respuesta.
Ya conoces mi indiferencia ante esa clase de aspiraciones. He viajado poco, siempre con las personas equivocadas y por cuestiones ajenas a mí, y no estoy interesado en dejarme arrastrar a ningún lugar en un futuro cercano.
Y bueno, tanto cacareo acerca de los viajes es solo para confesarte - porque admitir cualquier debilidad siempre requiere de una confesión- que el que recuerdo con más cariño es, sin duda alguna, aquel que hicimos juntos al ejido, ¿lo recuerdas?
Se acabó el gas a media semana y tú dijiste que los hijos de puta del Z gas tardarían semanas antes de rellenar nuestro tanque y ya para entonces habríamos muerto de inanición. Así que al siguiente día muy tempranito le pedí prestado el coche a mi papá, subimos nuestro tanque de 20 litros a la cajuela y condujiste hasta la gasera que esta adelante de la cárcel municipal.
El camino de terrecería descuidado, polvoriento y sucio, gracias al contraste hizo que apreciara aun más tu belleza. Los tres íbamos escuchando a 3nd y Jackie sentada en mi regazo, miraba a hacia todos lados por la ventanilla y luego volteaba a mirarme a los ojos de una manera que todavía añoro.
Llámame incongruente, azotado y patético si así lo deseas pero quiero aclarar que aunque todavia te extraño solo lo hago algunos días, y hoy desafortunadamente es uno de esos.
sábado, 10 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
Master Plan
Yo no tengo la culpa de que todos ustedes sean unos pendejos.
Me mudé al pueblo de mi infancia allá en la sierra de Guerrero, al concluir la carrera en administración de empresas. Aurora se resistió desde el principio. Primero intentó hacerme ver muy amablemente que la idea era un disparate y más tarde ya fuera de sus casillas dijo que era una pendejada, una locura ir a encerrarme en, cito textualmente "un miserable pueblucho lleno de ignorantes muertos de hambre". Aguanté estoicamente todas sus razones y finalmente le dí dos opciones. ¿Vas conmigo o te quedas pendeja?- le pregunté. Sobra decir que se quedó.
Yo soñaba con cambiar al mundo y sus injusticias, y que mejor que comenzar cambiando las cosas pequeñas, aquellas cercanas a nuestras posibilidades. Mi propósito era trabajar para el municipio, haciendo lo que sea que hagan los pequeños burócratas.
Al llegar me recibieron aquellos paisajes bucólicos, áridos, montañosos, llenos de barrancos y de vegetación raquítica. El tiempo ahí parecía haberse detenido, después de tantos años todo seguía siendo tal como lo recordaba. Un par de semanas más tarde ya estaba cobrando un sueldo magro, y trabajando en la dirección de pendejadas y asuntos sin importancia transcurrían días que daban paso a semanas y luego a meses.
Todo comenzó a irse a la mierda un poco antes de abril. Se acercaban las elecciones y todo mundo quería postularse como candidato a presidente municipal. Don Luis, el papá de Marisol fue a quien yo apoyé con su candidatura, por petición de ella, más que por convicción. Durante su campaña hizo promesas acerca de esto y aquello y otras muchas cosas. Y ganó para desconcierto mío y de todos.
Esperé muchos cambios con una esperanza renovada. Cambios que nunca llegaron. Con el transcurso de los meses no quedaban siquiera reminiscencias de aquel hombre que yo conocía desde niño. Casa nueva, coche nuevo, esposa y familia nueva.
Lo ví aquella tarde en el único bar de mala muerte que existía en aquel pueblo olvidado por dios y el puto coraje y las cervezas ya bebidas me hicieron reclamarle su actitud, su cinismo y sus putas promesas incumplidas. Estaba muy emputado y dispuesto a rajarle la madre al muy cabrón. Me detenía al imaginar la reacción de Marisol, (ya me costaba bastante convencerla para que me diera las nalgas y golpear a su padre no iba a mejorar las cosas).
Haciendo gala de un enorme cinismo el hijo de puta se burló de mi idealismo de tres pesos. Yo no tengo la culpa de que todos ustedes sean unos pendejos- me dijo. El viento se lleva promesas y palabras por igual,y yo prometí imposibles así como se le prometen estupideces a una niña con tal de encamarla.
Mi enojo se disipó de golpe e incluso sentí simpatía por él y por sus acciones. Yo no era tan distinto a él después de todo, prometiéndole matrimonio a Marisol sin ninguna intención de cumplir, todo con tal de cogérmela.
Me mudé al pueblo de mi infancia allá en la sierra de Guerrero, al concluir la carrera en administración de empresas. Aurora se resistió desde el principio. Primero intentó hacerme ver muy amablemente que la idea era un disparate y más tarde ya fuera de sus casillas dijo que era una pendejada, una locura ir a encerrarme en, cito textualmente "un miserable pueblucho lleno de ignorantes muertos de hambre". Aguanté estoicamente todas sus razones y finalmente le dí dos opciones. ¿Vas conmigo o te quedas pendeja?- le pregunté. Sobra decir que se quedó.
Yo soñaba con cambiar al mundo y sus injusticias, y que mejor que comenzar cambiando las cosas pequeñas, aquellas cercanas a nuestras posibilidades. Mi propósito era trabajar para el municipio, haciendo lo que sea que hagan los pequeños burócratas.
Al llegar me recibieron aquellos paisajes bucólicos, áridos, montañosos, llenos de barrancos y de vegetación raquítica. El tiempo ahí parecía haberse detenido, después de tantos años todo seguía siendo tal como lo recordaba. Un par de semanas más tarde ya estaba cobrando un sueldo magro, y trabajando en la dirección de pendejadas y asuntos sin importancia transcurrían días que daban paso a semanas y luego a meses.
Todo comenzó a irse a la mierda un poco antes de abril. Se acercaban las elecciones y todo mundo quería postularse como candidato a presidente municipal. Don Luis, el papá de Marisol fue a quien yo apoyé con su candidatura, por petición de ella, más que por convicción. Durante su campaña hizo promesas acerca de esto y aquello y otras muchas cosas. Y ganó para desconcierto mío y de todos.
Esperé muchos cambios con una esperanza renovada. Cambios que nunca llegaron. Con el transcurso de los meses no quedaban siquiera reminiscencias de aquel hombre que yo conocía desde niño. Casa nueva, coche nuevo, esposa y familia nueva.
Lo ví aquella tarde en el único bar de mala muerte que existía en aquel pueblo olvidado por dios y el puto coraje y las cervezas ya bebidas me hicieron reclamarle su actitud, su cinismo y sus putas promesas incumplidas. Estaba muy emputado y dispuesto a rajarle la madre al muy cabrón. Me detenía al imaginar la reacción de Marisol, (ya me costaba bastante convencerla para que me diera las nalgas y golpear a su padre no iba a mejorar las cosas).
Haciendo gala de un enorme cinismo el hijo de puta se burló de mi idealismo de tres pesos. Yo no tengo la culpa de que todos ustedes sean unos pendejos- me dijo. El viento se lleva promesas y palabras por igual,y yo prometí imposibles así como se le prometen estupideces a una niña con tal de encamarla.
Mi enojo se disipó de golpe e incluso sentí simpatía por él y por sus acciones. Yo no era tan distinto a él después de todo, prometiéndole matrimonio a Marisol sin ninguna intención de cumplir, todo con tal de cogérmela.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
