Siempre he intuido la existencia de certezas compartidas, imposibles de definir con palabras o ademanes, experiencias en donde solo el silencio es pertinente.
-Te das cuenta de tu vejez cuando notas que todos los cambios comienzan a molestarte, provocándote la aceleración del pulso y una ligera acidez en el estomago –le comenté a mi viejo y sonrió como nunca lo había visto sonreír.
Después de cierta edad te emputan los cambios porque ya sabes lo que te espera al final de todos ellos y no puedes hacer nada para detenerlos– contestó.
Asentí y guarde silencio. Tengo la certeza de que hay batallas que de antemano sabemos pérdidas y nos vemos obligados a pelearlas sin esperanza alguna.
