jueves, 8 de noviembre de 2012

Tomorrow never knows.

Me provoca asco, nauseas y vértigo ese sentimiento de vacío, soledad, aburrimiento y apatía, una mezcolanza de sentimentalismo rabón. Si algo me encabrona es la auto-conmiseración, las ganas de sentirse mártir, nadando en un mar de drama creado por uno mismo; es algo que no puedo soportar en otras personas y que menos aún puedo tolerar en mi. Entonces, cuando miro al espejo y veo que solo soy el reflejo de aquellas personas que más detesto siento, casi físicamente, una patada en los huevos. Creo fervientemente que es cierto aquello que leí alguna vez, pero no recuerdo donde: "We all are a disaster just waiting to happen", y es por ello precisamente que no debería preocuparme ni sorprenderme que la gente muera, es imbécil preocuparse por un proceso que es totalmente natural e inevitable. Desde que dejé de beber, camino poco. El sedentarismo, aunado a la adquisición de hábitos alimenticios poco saludables, tales como comer varias veces al día, en raciones enormes, ha provocado que en el último par de años aumentará aproximadamente 20 kilos. Es algo que me provoca asco. Hace poco me miré en el espejo del closet que mi mujer compró por una módica cantidad, y caí en cuenta del grado de descuido y el maltrato que le he dado a mi cuerpo. Mi estatura tampoco ayuda a mi figura, con un metro y sesenta y cinco centímetros, no puedo disimular la redondez de mis abundantes carnes. Mi ancha espalda, otrora motivo de orgullo y vanidad, se ha visto opacada por mi enorme vientre. He culpado a mi horario, pero sé bien que ha sido pura apatía. Mañana comenzaré a trotar en las mañanas y también un régimen de comidas bajas en grasas y carbohidratos. Mi meta es regresar a esos 60 kilos que pesaba en la adolescencia. Quizá, si logró regresar a ese cuerpo, vuelva a sentir esos bríos y recupere la energía que me caracterizaba. Es una esperanza risible, lo sé, pero en situaciones complicadas hay que implementar soluciones desesperadas.