La estupidez de la especie humana esta acabando con mi paciencia, con mi tolerancia; haciendo casi imposible la convivencia con la gente en mi entorno. Mi estado de animo ha cambiado de indiferente a permanentemente emputado. Mi mal humor se esparce por todas partes, lo imagino extendiéndose como un mal olor, como la peste, como un hedor que se propaga lenta pero constantemente haciendo que todos me rehuyan, que traten de estar lo más apartados de mi. Y carajo no los culpo, ¿como podría culparlos cuando apenas y me tolero?
Recorro las redes sociales de mis amigos y siempre me encuentro con caras sonrientes, con celebraciones virtuales frente a acontecimientos sin ninguna importancia. Y me dan ganas de comentar alguna pendejada solo para encabronar a las personas involucradas. Así como en mi infancia destruía los juguetes de mis hermanos presa de la envidia, me dan ganas de destruir sus castillos construidos en el aire, sus ensoñaciones estériles, pero me detengo a tiempo pues comprendo que ni yo soy el infante que fui,ni ellos los niños pacientes y comprensivos que fueron mis hermanos ni facebook el patio de recreo en el que jugaba cuando niño.
En muchas ocasiones me gustaría ser mas feliz. Ya saben, disfrutar lo que tengo mucho más, sin tantas pretensiones pseudointelectuales venidas a menos, sin tantos razonamientos sesudos en torno a cuestionamientos imbéciles. Supongo que de alguna forma la miseria en la que creo que vivo forma parte del legado que me dejo mi padre antes de morir.
A veces lo extraño mucho. Me gustaría decir que todo esta bien, que todo anda normal en mi casa pero a veces veo a mi madre llorar en las tardes o escucho a mis hermanas despertarse y gritar en la mitad de la noche por culpa de una pesadilla y caigo en cuenta que la normalidad en mi casa se parece mucho a la felicidad de facebook y es también tan solo un apariencia.
domingo, 10 de abril de 2011
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